diumenge, 24 de gener de 2016

Acentor alpino




Pasea por la ladera,
ligero la sobrevuela
entre cuatro arbustos,
las rocas, y la hierba.
Bajo el sol de la mañana
ascendemos al volcán.
Hace frío en la montaña,
y en la primera parada,
junto al sendero, 
lo podemos divisar.
Es un acentor alpino,
elegante, armónico,
sereno, distinguido,
de nítido plumaje
y movimiento tranquilo.
Ha bajado de los Apeninos?
No es éste su hábitat normal!
Le acompaña otro ejemplar
y se dejan contemplar,
justifican nuestra parada
para poderlos observar.
Tonos naranja tostado,
como el sutil y ligero 
material del suelo,
y grises y blancos jaspeados
en las alas, en el cuello...
Sopla el viento, sopla, suena, 
es contínuo el estruendo
al pasar por el cañón de al lado
o al chocar con la pared vertical
que vamos despacio dejando atrás.
Es el ascenso al Vesubio
un placer para cada sentido:
el paisaje, para la vista,
el viento enfurecido, para el oído,
olor a hierba, para el olfato,
para el gusto nada he encontrado
y para el tacto, este frío soberano
que nos congela la piel 
de las mejillas, la nariz y la barbilla
tal y como nos explican los viejos 
que pasaba en invierno antaño.
Al llegar a la cima,
vemos de nuevo a los acentores,
vuelan por allí arriba,
y el volcán, dormido, se los mira.